
La acondroplasia era muy bien vista por los mayas, lejos de ser considerada como un problema, era una característica propia de seres nobles y divinos.
Las personas con acondroplasia aparecen con frecuencia en el antiguo arte maya, ya que eran miembros comunes e importantes de las cortes reales. Algunos estudiosos han sugerido que su relación especialmente cercana con los reyes mayas tenía raíces mitológicas. Los reyes se consideraban semejantes al dios del maíz, cuya cabeza imitaba la forma de las mazorcas; otras mazorcas en las plantas de maíz tienden a ser más pequeñas y por analogía, se pensaba que las personas con acondroplasia eran “del mismo tallo” que la realeza.


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