
Este cilindro de cerámica modelado a mano habría soportado un recipiente para quemar incienso en rituales ceremoniales.
En el frente se muestra una figura de pie con un motivo en bucle entre los ojos, que se cree se relaciona con el dios maya del sol. La figura (junto a otros dos acompañantes, a los lados) se coloca encima del caparazón de una tortuga de la que emerge una cabeza humana, probablemente una representación de una deidad maya del inframundo.
Los caparazones de tortuga se consideraban como metáforas de la tierra, sus aberturas se veían como análogas a las de las cuevas. La combinación de referencias del sol y del inframundo sugiere que el cilindro es una representación del árbol de la vida, con motivos alternativos. El inframundo, representado por el dios en la tortuga; el caparazón, representado a el mundo terrestre y el Dios del sol, representando el mundo celeste. Sobre los cuales, se enciende incienso.
Fotografías e información, @metmuseum


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