
Esta bellísima escultura de barro proviene de la antigua ciudad de Mayapán, en Yucatán, México.
Este tipo de esculturas se han encontrado a lo largo de toda la península y se les suele asociar con templos y el culto a ancestros. Usualmente, estas esculturas son huecas por dentro y se usaban como braseros para quemar copal u otros inciensos.
Imaginate lo solemne que se veía en el pasado, envuelta en humo y ofrendas.
Algunas crónicas antiguas mencionan que estos braseros estaban frente a altares y funcionaban como punto focal en ceremonias y conmemoraciones. Quizá también servían como un recordatorio de personajes ilustres o una representación de su memoria.
El personaje tiene un alto tocado con formas que simulan plumas y objetos de madera. De su cuello cuelga una hermosa pechera pintada en rojo y azul, y en sus orejas porta dos grandes orejeras. En sus manos hay un objeto cónico con espinas, que podría ser la representación de un pequeño incensario personal.
Se ha propuesto que el incensario representa a Itzamnaaj, un ser mitológico muy importante en los primeros años del mundo. Sin embargo, la figura comparte pocos atributos con ese ser y mas bien parece ser la imagen de un escribano o contador del tiempo de la antigüedad.
Sea cual sea el caso, este incensario es una excelente muestra de lo hermosos que llegaban a ser los instrumentos ceremoniales en el pasado yucateco.
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Imagen tomada de la mediateca del INAH. Por suerte, la figura se encuentra expuesta en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México.




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